Quizá al final de la temporada pasada guardaste una trufa negra en el congelador pensando en un momento especial… y ahí sigue, esperando su turno. Desde TRUZARFA te contamos cómo aprovecharla de la mejor manera, sin que pierda su magia y evitando errores habituales.
Cuando llega la temporada, muchas personas optan por congelar parte de la trufa negra para alargar su disfrute más allá de los meses fríos. Aunque es cierto que la textura se resiente, el aroma sigue presente y puede dar mucho juego en la cocina si se utiliza correctamente.
Congelación: lo que debes saber
La trufa negra (Tuber melanosporum) congelada pierde firmeza al descongelarse, volviéndose más blanda. Sin embargo, su potencial aromático se conserva bastante bien siempre que se haya guardado adecuadamente: entera, limpia en lo justo, y protegida al vacío o en un recipiente hermético.
El primer consejo para usarla es no descongelarla del todo. Lo ideal es sacarla directamente del congelador y rallarla o laminarla sobre platos calientes. De este modo, el calor del propio plato libera su perfume sin que la trufa pase por un proceso de descongelación completo, que acentuaría la pérdida de textura.

Recetas prácticas con trufa congelada
- Pasta fresca: ralla la trufa congelada directamente sobre la pasta recién escurrida con un chorrito de aceite. El vapor ayudará a desplegar su aroma.
- Huevos en todas sus formas: revueltos, fritos o en tortilla, la trufa congelada rallada en el último momento transforma un plato sencillo en algo especial.
- Salsas y cremas: añade la trufa rallada directamente en salsas calientes, cremas de verduras o bechameles. La textura no importa aquí, pero sí el perfume.
- Mantequillas y aceites aromatizados: aprovecha la trufa congelada para infusionar grasas. Aunque pierda parte de su potencia, es una manera de darle una segunda vida.
Lo que no conviene hacer
Evita descongelar la trufa para después intentar usarla como fresca. Su textura quedará demasiado blanda para laminarla en carpaccios o para platos en los que la presencia visual sea importante. En esos casos, lo mejor es reservar siempre trufa fresca.
Tampoco es recomendable volver a congelarla. Una vez descongelada, aunque sea parcialmente, debe usarse de inmediato para no perder calidad ni correr riesgos de conservación.
Una segunda oportunidad para el aroma
Desde TRUZARFA insistimos: la trufa negra congelada nunca sustituirá a la experiencia de la trufa fresca. Sin embargo, es una herramienta muy valiosa para evitar desperdicio, aprovechar al máximo cada pieza recolectada y seguir disfrutando del diamante negro en cualquier época del año.
En definitiva, si tienes una trufa esperando en el congelador, no lo pienses más: sáquela, rállala directamente sobre tus platos y deja que su aroma siga brillando. Porque cada trufa es fruto de un trabajo enorme en nuestros campos de Zaragoza, y merece disfrutarse hasta el último gramo.